La generosidad no está reñida con el liderazgo

La generosidad es una capacidad con la que deberían contar los líderes de las organizaciones que quieren crecer de forma sostenible y rentable.
Entiendo por generosidad la capacidad del individuo de dar o compartir de forma desinteresada. Y según esta definición, la generosidad implica la participación de, cómo mínimo, dos individuos que interactúen.
Desde mi punto de vista, la generosidad sólo tiene lugar en aquellas acciones cuyo resultado aporta una mejora al sistema (en contraposición con las situaciones en las que algo se da o comparte con ánimo de obtener otra cosa a cambio). En términos energéticos, diría que la generosidad sólo es tal cuando supone una mejora para el sistema: es decir, cuando incrementa su energía útil o disminuye su entropía. Y la generosidad alcanza su capacidad máxima cuando dicha mejora es, al mismo tiempo, disfrutada tanto a nivel global como por cada uno de los individuos que interactúan.
La calidad o valor de la generosidad puede determinarse en función de diferentes parámetros:
– El valor intrínseco de lo donado o compartido.
– La cantidad disponible de lo dado, que permite establecer grados de altruismo dentro de la generosidad. En este sentido, desprenderse de algo que no se necesita, no es generosidad, sino más bien reciclaje. En cambio, dar aquello que escasea o que necesitamos, implica niveles superiores de compromiso social.
– La bidireccionalidad. También se puede hablar de niveles de generosidad al recibir, y en este sentido, me refiero al nivel de compromiso demostrado con el valor recibido; al compromiso o empatía con el emisor. Es decir, se trata de ser generoso al recibir lo que otros nos dan.
Si nos preguntarnos qué aporta la generosidad a la gestión empresarial, diré que dar o compartir de forma desinteresada exige una capacidad previa de apreciar en el interlocutor la necesidad de recibir. Y entonces entra en juego una nueva variable, que es el fin de lo dado en cuanto a solución o apoyo moral. Y esto se relaciona directamente con el concepto del tipo de liderazgo que las organizaciones necesitan, donde la empatía juega un factor muy importante a la hora de valorar la orientación de la generosidad. Es sabido que la empatía es una capacidad mucho más desarrollada y de más valor en las mujeres que en los hombres.
Por desgracia, la generosidad, no es un valor en uso en las organizaciones de nuestra cultura. La generosidad está reñida con cuestiones como la competencia, la envidia, los celos… y por lo tanto, para su desarrollo social y profesional sería preciso estimular la aparición de valores más humanos y globales.
En mi opinión, hace falta vencer los miedos, es necesario aprender a desnudarse, a decir “ I need help” y a leer esos síntomas en los compañeros de trabajo. Esto se consigue al olvidarnos de nosotros mismos, escuchando de forma activa y sintiendo las necesidades que esconden las expresiones de nuestro interlocutor. Dando más importancia a las emociones transmitidas, y dejando lo objetivo para más adelante, pues esto no suele ser más que un velo que colocamos al exteriorizar nuestras emociones.